miércoles, 26 de febrero de 2014

LA INICIACIÓN PERFECTA




LA INICIACIÓN PERFECTA
1982


©GIUSEPPE  ISGRO C.


La iniciación masónica al grado de compañero, fue conocida, entre los antiguos, como la Iniciación Perfecta.

Ella marca, para el compañero, una nueva etapa en su carrera masónica, cuyas influencias habrán de enriquecerle integralmente.

Después de un período de estudios, y de pruebas, por los cuales ha pasado desde que fue iniciado a la luz masónica, cuya duración es de doce semanas, o más, un aprendiz ha solicitado a nuestra Augusta Cámara de Compañeros, su aumento de salario, para el cual se considera digno, y evidenciando, al mismo tiempo, un sincero deseo de continuar progresando en nuestra Magna Institución Masónica.

La Cámara de Compañeros, después de analizar su tesis de grado respectiva, presentada por el aspirante a Compañero y sometiéndose él mismo al examen correspondiente, así como, después de efectuar un análisis de la vida masónica y profana del aprendiz, se observa si el mazo y el cincel tuvieron tiempo de dar a la piedra bruta de su personalidad la forma equivalente a la ideal para la construcción del Gran Edificio Cósmico.

El grado de compañero representa la segunda edad del ser, en cuyas enseñanzas está compendiada la síntesis de:

1) Sus deberes para con Dios, representada por la fe perceptiva de la realidad.
2) Para consigo: simbolizada por la esperanza o expectación positiva, reflejada por la confianza en sus propias fuerzas y en las leyes de la vida.

3) Para con sus semejantes: expresada por el amor, verdadera síntesis de los valores universales y soporte de todas las virtudes.

En la antigüedad, en la época de la construcción del Templo de Salomón, era habitual, en las confraternidades de los constructores, según la leyenda, de que los nuevos compañeros cambiaran sus instrumentos, y de trabajo, pasando algunos a ser cortadores de piedras, mientras que otros eran asignados a la tarea de ajustar, exactamente, las que habían sido, ya, desbastadas por los aprendices.

El ilustre masón francés, J. M. Ragon, al referirse al grado de compañero, expresa que éste tiene por objeto “el estudio de las ciencias naturales y la investigación del origen y la causa de todas las cosas”, en perfecta concordancia con nuestra definición moderna de que la Masonería es el estudio de todas las ciencias, de todas las filosofías, de todas las artes y la practica de todas las virtudes. En el estudio de sus enseñanzas se descifran, e interpretan, los símbolos; proporciona el conocimiento de sí mismo; ilustra la manera de cómo se puede ser más útil, así como la forma en que la Francmasonería puede prestar a la humanidad grandes servicios, estimulando y formando cada uno de sus miembros para que su contribución sea acrecentada a través del trabajo, de la ciencia y de una vida virtuosa, con lo cual el compañero masón puede alcanzar la excelencia existencial, haciendo más y mejores cosas con menor cantidad de recursos, esfuerzos y tiempo.

Estas características hacen que el compañero masón sea un filósofo práctico, por lo cual, en el estudio del simbolismo y de la enseñanzas del grado, se percata de que está entrando en comunicación con una sabiduría antigua, y atemporal, que le permite fijar los objetivos de su existencia y construir la obra de su vida de acuerdo con los planes trazados por el Supremo Artífice, y por la razón, iluminado, paralelamente, por la intuición y por la inspiración, con lo cual puede culminar exitosamente el edificio moral de sus conocimientos.

Durante la iniciación, cuando el aspirante a compañero realizó su primer viaje simbólico, llevaba dos instrumentos: el martillo y el cincel, con lo cual realizó su trabajo de aprendiz. Por medio de ellos el cantero desbasta la piedra bruta. Ambos instrumentos tienen relación con la voluntad firme y decidida y la determinación inteligente, facultades éstas que le permiten pulir las asperezas e imperfecciones de la piedra bruta de la personalidad, elaborando la obra de arte: la piedra labrada, con lo cual se transforma en un auténtico francmasón, con libertad de ejercer su arte en forma independiente sin límites de espacio ni de tiempo. Durante el trayecto simbólico, diversas imágenes recuerdan al postulante a compañero, los cinco sentidos con que ha sido dotado por la naturaleza; ver, oír, oler, gustar y tocar, por medio de los cuales debe, con conocimiento de causa, tomar contacto, conscientemente, con el mundo exterior.

En el segundo viaje simbólico, el recipiendario lleva con sí dos instrumentos destinados a servirle de guía en la realización de un trabajo de carácter intelectual: la regla y el compás. Ambos le sirven para verificar el trabajo efectuado con los dos instrumentos anteriores, es decir: el mazo y el cincel. Paralelamente, el compañero adquiere los rudimentos esenciales de la geometría, que otorga a sus cultores la clave del arte de la construcción, -física, moral y espiritualmente-, facilitándole la interpretación de los planes del Gran Arquitecto del Universo.

Al inicio del tercer viaje simbólico, el recipiendario recibe una regla y un alza prima o palanca. Su significado es conocido, es decir: el compañero debe servirse de la regla como instrumento de dirección para hacer una obra definida y efectivamente constructora. La palanca simboliza la inteligencia humana, en forma integral, siendo su punto de apoyo el cuerpo físico. De forma análoga, la inteligencia se afinca sobre la voluntad, que representa el potencial espiritual del ser. En esta fase evolutiva, el compañero se familiariza con las siguientes artes liberales: la gramática, la retórica, la lógica, la aritmética, la geometría, la astronomía y la música.

La clave esencial de la cual adquiere consciencia el compañero que desea ascender a los niveles de la percepción de la realidad, es la de que debe confiar en sus propias fuerzas y no esperarlo todo de la iluminación divina. Es decir, debe combinar la lógica inductiva y deductiva con la intuición y la inspiración, en una percepción y acción conjuntas.

En el cuarto viaje simbólico, el aspirante a compañero aprende el uso de la escuadra. Esto le permite someter sus acciones a la razón y a la ley moral, simbolizada por la medida, desarrollando, precisamente, “el sentido de la medida”, que le sirve de guía en todos sus actos, reflejando la justicia y la equidad en armonía con todos y con el Todo. Adquiere conciencia sobre la importancia de “considerar el fin de todas las cosas”.

La escuadra permite establecer las figuras geométricas en perfecta armonía y total rectitud. Es el modelo mediante el cual debe desenvolverse la vida del compañero.
El quinto viaje es el último que simbólicamente realiza el recipiendario ante de su recepción en el grado de compañero. Ahora se encuentra con las manos libres; no lleva ninguna herramienta. Posee el conocimiento suficiente. Todo lo lleva consigo, al igual que Pitaco, uno de los siete sabios. Al final del recorrido alcanza un estado de iluminación, en cuya percepción intuitiva e inspirativa será capaz de recibir directamente, y por sí mismo, la luz, experimentando, al mismo tiempo, el influjo creador que le permitirá la concepción y la realización de su cuota de asunción en la realización de la gran Obra. Después de haberse encontrado en un estado de completa obscuridad, al igual que todo el recinto en el que está ubicado, en el momento oportuno un foco de luz aparece en el este, en el oriente, en la fuente existencial. Al igual que las estrellas iluminan mejor en la noche obscura, así la luz, en conexión divina, emana del centro universal para iluminar el horizonte humano, al compañero que alcanza a ver la estrella flamígera cuyas cinco puntas representan al hombre, emanación de la Divinidad. Al centro de la estrella emerge la letra “G”, entre cuyos múltiples significados se encuentra, precisamente, la representación del nombre de Dios en varios idiomas.

La estrella flamígera es el símbolo del genio que se eleva a las grandes realizaciones creadoras. Es la imagen de la fuente universal que ilumina el espíritu de cualquier ser que asume el ideal de dedicar su existencia a la conducción gloriosa de sí mismo y a la educación de la humanidad en los valores universales, soporte de la practica de todas las virtudes.

La estrella flamígera representa al ser evolucionado que ha desarrollado sus facultades espirituales, alcanzando la conciencia perceptiva en conexión con la conciencia cósmica. Ha descubierto que es poseedor de un poder creador potencialmente infinito que se expresa, oportunamente, y en grado equivalente, cada vez que experimente determinados niveles de necesidades. Allí reside la esencia de su poder potencialmente infinito: en la conciencia de lo que ignora, en las necesidades que afronta, resueltamente, y en los objetivos que asume a nivel personal y en la realización de la gran obra.

En síntesis, la estrella flamígera es el centro universal de donde emerge la auténtica luz y el poder creador universal.

El compañero alcanza la excelencia del grado en que tiene el privilegio de ascender haciendo gala de una esmerada dedicación, de una asidua y efectiva actividad creadora, así como del ejercicio de la prudencia, de la templanza, de la fortaleza, de la belleza, como expresión estética en todas sus obras, en los niveles físicos, morales y espirituales, de la justicia y de la armonía en todos sus actos y tratos sinalagmáticos.

Recibido en una Logia Perfecta, por el Venerable Maestro, los dos Vigilantes, los tres Maestros y un Compañero, pasa de la columna “B” a la “J”, subiendo a la quinta grada, en su ascenso evolutivo del Taller Cósmico.

Dotado de un signo, de un tocamiento, de una palabra sagrada de compañero y de una de pase, empero, su transmutación interior proyectar la luz que le distingue en cualquier entorno en donde vaya o actúe, y sin siquiera hablar ni hacer gesto alguno, es reconocido instantáneamente por sus iguales. Quienes, en el mundo profano tratan con él saben que es un ser de conducta virtuosa y digna. Le reconocen como Masón, una de las máximas distinciones a la que puede aspirar un ser humano, si realmente está dispuesto para la realización del ideal supremo de la perfección existencial concebido y ejecutado por los Hijos de la Luz.

El carácter pectoral del signo implica la custodia prudente de los tesoros morales y espirituales que le han sido confiados.

La palabra sagrada denota esa fuerza que sólo la conexión con el Creador Universal permite canalizar, por cuanto en Él se encuentra la fuente del poder creador y de Él emana la potencia divina que vivifica toda realización humana. En la columna del sur, -lugar de reunión de los compañeros-, se encuentra el calificativo respectivo que permite el acceso a la fuente interior del conocimiento.

En cuanto a la palabra que facilita el pase a la fuente, numerosas como las espigas del trigo han de ser las obras del compañero, para acceder a la fuente trascendental de la sabiduría y del poder creador, en la cadena de la fraternidad universal.

El punto gutural y pectoral, recuerdan al compañero sus obligaciones. El manual: mediante el respectivo toque preciso, permite percibir al compañero cuando se encuentra frente a su homólogo.

El pedestal: imparte la enseñanza de que todo masón, bajo la égida de la escuadra, recorre el camino de la vida ciñéndose a la equidad y a la justicia, en todos sus actos existenciales.

Como se ha dicho ya, la ubicación de los compañeros es en la columna del sur. Allí se encuentra el respectivo maestro que transmite la enseñanza necesaria y oportunamente. Este es el lugar, también, en el que reciben su respectivo salario cósmico.

La edad alcanzada por el compañero, representa la quintaesencia existencial, además de otros aspectos claramente identificables, como son los cinco sentidos y su respectivo uso. Se observa perfecta armonía en el toque, en la batería, en la marcha, en la edad, en la palabra sagrada, en la estructura geométrica de la estrella flamígera, en los viajes simbólicos y en las gradas del Taller.

Este simbolismo quintaesenciado en sus tres niveles de expresiones, representa:
1) En el plano físico: El nacimiento, la infancia, la edad adulta, la fuerza y la salud.

2) En el nivel intelectual: La gramática, la retórica, la lógica, la aritmética y la geometría.

3) En el sentido moral: La inteligencia, la rectitud, el amor, la prudencia y la filantropía.

El compañero realiza su trabajo iniciático desde el mediodía hasta medianoche, simbolismo que él conoce muy bien sabiendo que a la hora precisa de actuar hay que hacerlo puntualmente; y que, cuando llega el momento en que la tarea debe ser terminada, es preciso concluirla, pasando a la siguiente fase de reposo creativo-restaurador; de la actividad interior perceptiva de los elevados objetivos existenciales en correspondencia con los de la Gran Obra, a la realización externa, donde lo interno se hace patente como un claro reflejo de que lo que está adentro es idéntico a lo que se expresa afuera y de que lo que se encuentra arriba es análogo a lo que se manifiesta abajo, en perfecta armonía con todos y con el Todo.

El compañero se percata de que es preciso llegar a la mitad de la vida para ser útil a sus semejantes, tal como lo dijo Dante Alighieri, en su Divina Comedia, cuando expresa: -“En el medio del camino de la Vida”, etcétera, a partir de cuyo momento ha de trabajar la otra mitad en beneficio de la humanidad hasta la etapa culminante, en un determinado ciclo existencial.

La solapa del mandil del compañero, con la punta hacia abajo, denota que la inteligencia rige sobre la materia y que el espíritu expresa el perfecto autodominio sobre sus pasiones, exteriorizando los rasgos del iniciado, representados en la perfecta serenidad, en la calma imperturbable que le es inherente, en la impasibilidad frete a todo y a todos, y en la clara lucidez de su juicio a la hora de elegir la acción correcta, en el momento oportuno, para realizar la labor adecuada, de acuerdo a las inquietudes de los tiempos, en perfecta sintonía con los planes trazados por el Gran Arquitecto del Universo.

El estudio constante, permite, al compañero:

1) Percibir la propia misión en la vida, cumpliendo, simultáneamente, sus deberes y ejerciendo sus derechos, prudentemente.

2) Utilizar todos los recursos con que le dotó la naturaleza, es decir: el poder potencialmente infinito de su eterno e inmortal espíritu y las facultades espirituales que expresan dicho poder y la sabiduría de los valores universales.
3) Alcanzar el perfecto autodominio y el dominio de todas las circunstancias existenciales y del medio ambiente, paralelamente. Que cada acto refleje la inteligencia del Espíritu en perfecta correspondencia con los valores universales, haciendo el uso debido del desapego. Esto permite al compañero transformarse en la piedra cúbica viviente que le dará cabida en el grado del Magisterio, etapa siguiente, a cuya exaltación todo compañero digno de tal calificativo se encuentra destinado, en la realización de la Gran Obra.

4) Un compañero hábil, inteligente, estudioso y dinámico, será sin duda un excelente maestro, por lo cual, ahora, en este mismo instante, es preciso forjarse el propósito y la meta de llegar a serlo y poner manos a la Obra, en ello. Recordemos que el sublime mandato del Gran Arquitecto del Universo al Ser –en los tres reinos naturales- es el de alcanzar la maestría cósmica. En la realización de este propósito cósmico, empero, es preciso recordar que debería mantenerse la actitud de los Eternos Aprendices, única manera de acceder a los niveles superiores de la espiral evolutiva de la sabiduría de los valores universales.

Que el Gran Arquitecto del Universo ilumine y proteja a los nuevos compañeros, otorgándole la sabiduría de los valores universales, la salud física, mental y espiritual y la riqueza integral.

Hacemos votos para que la Augusta Institución Masónica Universal continúe siendo una escuela de virtudes y de liderazgo efectivo, capaz de conducir a la humanidad por los caminos de la paz, de la armonía, del amor, de la fraternidad, de la ciencia, de la prudencia, de la justicia y del entendimiento, bajo la égida del Gran Arquitecto del Universo. Así sea.

Adelante.

Puerto La Cruz, Venezuela, 30/04/1982.

Revisado: Lechería: 26 de junio de 2010.

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